Me encanta Facebook. Debo de ser de las pocas personas que conozco que dice esto. Pero es así.
Cuando abrí este blog, una de mis principales intenciones consistía en difundir cosas que veía por ahí, en la red y en los papeles, y que pensaba merecía la pena realzar. Con Facebook, esta función la hago al momento. Es verdad que allí no podemos realizar largos y sesudos comentarios, pero como normalmente esa no es mi intención en Caralibro satisfago mis necesidades.
Estoy pensando cómo combinar ambas cosas, mis blogs y mi presencia en Facebook. No encuentro herramientas que me satisfagan. Hasta que lo haga, veré si puedo colocar aquí algunas de las cosas que he comentado allí.
Así pues esta ha sido mi semana:
-”Hace ya unos años que pusimos un risómetro similar en el Museo de la Ciencia de Valladolid. Creo que todavía es el módulo que más gusta de todo el centro. No sólo mide la sonrisa, también el resto de emociones. Fue desarrollado por los vascos de Innovae y está en la Sala del Sistema Nervioso, de la que soy vicecomisario.”
Sobre un sistema para medir la sonrisa de la gente, que utiliza una compañía ferroviaria japonesa.
-Apple censura a un escocés porque su aplicación para iPhone permite descargar el Kama Sutra.

- ¡Socorro!
Punset hablando del amor.
¿Soy el único periodista de ciencia que no soporta a este hombre?
Sobre una entrevista al susodicho en Balzac TV
-No votamos sólo cuando depositamos la papeleta. Lo hacemos cada vez que decidimos en qué gastar el dinero. Y eso representa un poder inmenso”.
Impresionado con Joel Sartore, ahora en Madrid.
Nos ha dado un curso rápido de ecología de anda por casa.
Sobre un fotógrafo de National Geographic, en un acto para Público.
-Y un poema:
EL DE CIENCIAS NATURALES
No puedo recordar
su rostro
estaba de pie frente a mí en lo alto
al final de sus largas piernas separadas
veía
su cadenita de oro
su gris levita
y su flaco cuello
al que estaba prendida
una inerte corbata
fue el primero que nos enseñó
el anca de una rana muerta
que pinchada con un alfiler
violentamente se contrae
él nos introdujo
a través de un microscopio dorado
en la vida íntima
de nuestro bisabuelo
el paramecio
trajo un obscuro grano
y dijo: cornezuelo
instigado por él
en el décimo año de mi vida
fui padre
cuando tras una tensa espera
de una castaña sumergida en el agua
apareció un brote amarillo
y todo estalló en canto
alrededor
en el segundo año de la guerra
mataron al de ciencias
los malandrines de historia
si es que fue al cielo –
quizá camine ahora
sobre largos rayos
vestidos con grises medias
con una enorme red
y una caja verde
alegremente bamboleándose a su espalda
pero si no se fue allá arriba –
cuando en el sendero del bosque
encuentro un escarabajo encaramándose
a una pelotilla de arena
me acerco
me cuadro
y digo:
– buenos días señor profesor
permítame ayudarle
lo transporto delicadamente
y me quedo mirando un rato
hasta que desaparece
en la obscura sala de profesores
al final del corredor de hojas.
(1957)
Zbigniew Herbert